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  Rupestre > ARTICULOS > Simposio Jujuy 2003 Recomendar esta página

LOS PETROGLIFOS DE SIETE TINAJAS.

Reconsideraciones en el estudio de arte rupestre de La Convención
Henry Gamonal Quillilli
Alberto Pineda Justiniani

A la memoria de Don Aurelio Serrano promotor y defensor de Siete Tinajas

 

El estudio del arte rupestre en la provincia de La Convención  se inicia la década de los 20’ con el ingeniero agrónomo Christian Bües y los misioneros dominicos, entre ellos el Padre Pió Aza (1922), Cenitagoya (1928), Silverio Fernández (1977) y Joaquín Barriales (1977) quienes realizaron registros fotográficos, gráficos y a mano alzada, complementándolos con datos etnográficos y en algunas ocasiones dibujando “lo que se acordaban”.
En la cuenca del Alto y Medio Urubamba se registraron diversos yacimientos de petroglifos, desde Cholapampa en el cerro Chichima, frente a la ciudad de Quillabamba, hasta Pangoa (Piedra Pintada), cerca al Pongo de Mainique y en el río Shihuaniro en Timpia, Echarati. Todos estos yacimientos se encuentran en la margen derecha del río Urubamba excepto el de Pangoa que está en la margen izquierda.
Esta “coincidencia” geográfica llevaría a Bües y a los dominicos interesados en el tema a suponer que los autores de los petroglifos no franquearon el río, que se presentó como una barrera natural
En 1996, a raíz de la promoción turística de Siete Tinajas, exploramos los alrededores y encontramos algunos petroglifos en la parte superior de esta formación rocosa peculiar. Posteriormente, con el apoyo de Alberto Pineda, fotógrafo y Raúl Figueroa, estudiante de antropología, realizamos el registro de los petroglifos.

UBICACION
Siete Tinajas es una quebrada de afloración granítica, de cauce irregular, teniendo de octubre a mayo un buen caudal de agua para después disminuir considerablemente; cobra importancia turística desde 1995 por su singular formación de caprichosas “tinas” (de donde proviene el nombre), su belleza paisajística y la incansable labor de promoción de Don Aurelio Serrano, vecino del lugar. 
Se ubica en el distrito de Echarati a 20 kms de la ciudad de Quillabamba (capital de la Provincia de la Convención) en el Departamento de Cusco-Peru, en la ruta hacia el interior de la amazonia, en la margen izquierda del río Urubamba, a 995 m sobre el nivel del mar.
La presencia de petroglifos en Siete Tinajas rompe drásticamente la teoría de investigadores como Bües que sostuvieron la tesis de la ausencia de petroglifos en la margen izquierda del Urubamba, y la existencia de una línea totemística de petroglifos que se extiende desde Tipon hasta Piedra Pintada en La Convención (Bües 1929).
Los petroglifos se encuentran en la parte superior de la cascada, en la margen izquierda, indicada con una flecha roja en la fotografia

DESCRIPCION
El trabajo de registro se realizó en setiembre de 1996 para la presentación en el curso de Prácticas Pre-Profesionales de la Carrera Profesional de Arqueología de la UNSAAC. Para este trabajo se contó con la participación de Alberto Pineda, Raúl Figueroa, Carlos Zúñiga y Camilo Serrano (los últimos dos vecinos del lugar), y el apoyo de la Cámara de Comercio de Quillabamba.

 

En el trabajo de registro se utilizó la fotografía y el frottage, lográndose el registro de tres paneles.
El registro se hizo de los elementos expuestos, habiendo todavía elementos enterrados por humus y raíces de la vegetación del lugar.


ANALISIS DE LOS ELEMENTOS


Panel 1
Figura antropomorfa erguida de 20 x 13 cm. con los brazos semi extendidos y las piernas separadas y un apéndice entre las piernas, posiblemente representando el miembro masculino. El ancho de los surcos varía entre 2,5 y 3 cm.
Una espiral de 18 cm. de diámetro con apéndice ondulado. El elemento completo tiene una extensión de 45 cm. El grosor de los surcos varía entre 2,5 y 3 cm. (escala 1/8).


Panel 2
Figura romboidal que termina con un apéndice en espiral de 16 cm. de diámetro. La figura completa tiene una longitud de 46 cm. con un grosor de surco entre 2 y 3,5 cm.
Una línea que rodea gran parte de la roca y separa el panel 2 en sus tres elementos y los paneles 1 y 3.
Una greca en dirección del elemento lineal. No se precisa la longitud por la presencia de vegetación (aprox. 64 cm.). El grosor de los surcos varía entre 2 y 3,3 cm. (escala 1/8)

 


Panel 3


Elemento compuesto: un circulo encerrando una espiral, con un diámetro total de 16 cm. con incisiones relativamente gruesas que varían de 2 a 4 cm.
Una línea dentada de 67 cm. de extensión, con surcos que varían entre 2 y 4 cm. de grosor (escala 1/8)            

                               
ANÁLISIS


La interpretación y el análisis de los petroglifos de la Convención tuvieron diferentes enfoques desde los primeros investigadores. Bües plantea una línea totemística desde Tipon en Quispicanchis hasta el Pongo de Mainique pasando por Ocobamba y Lares, por la presencia de elementos zoomorfos en la mayoría de los yacimientos con arte rupestre. También afirmo la ausencia de petroglifos en la margen izquierda del Urubamba y plantea que los autores de estos yacimientos no franquearon el río. (Bües 1926).
El padre Ricardo Álvarez sugiere que estos petroglifos fueron señales de caminos para el trafico comercial entre quechuas y selváticos (Álvarez s/f).
Luis Román, en cambio, plantea que los petroglifos fueron una especie de hitos fronterizos de intercambio (Román 1983: 37).
Renard-Casevitz relaciona los petroglifos con los matshiguengas, manifestando que “ellos lo perciben como el símbolo mismo de su expresión cultural, obra de sus semidioses chaingabe. (Renard-Casevitz (1972: 217)
Para otras realidades socio geográficas también se han dado diversas interpretaciones. Para la zona de los Tucano en Colombia, Reichel-Dolmatoff afirma que los elementos icnográficos son producto de los fosfenos, que vienen a ser las imágenes que los indios ven al estar en estado de trance por la ingesta de alucinógenos. Sostiene que “el arte rupestre es uno de los mecanismos más importantes mediante el cual los shamanes transmiten su saber” (Reichel- Dolmatoff (1988: 306).
Para el norte chileno Mostley y Niemeyer dividen los petroglifos en tres grupos, “el narrativo o conmemorativo, representado en escenas de caza, pesca, guerra, ceremonias o fiestas; el mágico religioso, con escenas de sacrificios, representaciones de seres mitológicos; y el utilitario, comunicaciones de caminos, fuentes de agua, tierras de pastizaje”. (Mostley-Niemeyer, 1983: 126)
Las representaciones icnográficas de Siete Tinajas, asociadas a la caprichosa geografía del sitio nos hacen suponer una función mágico-religiosa para los pueblos arawac que habitaban esta zona, posiblemente de culto al agua.

 Se sabe que hasta la conquista española esta región fue territorio Arawac, habitada principalmente por la etnia matshiguenga, situándose para la época Inca una frontera ecológica-cultural en la zona de Chaullay, donde confluyen los ríos  Urubamba y Vilcabamba, estableciéndose una especie de status quo entre las poblaciones de la sierra y el pie de monte amazónico por las dificultades que presentaba la selva para ser conquistada.
Pero la cuenca del Urubamba no solo estuvo habitada por los Matshiguengas. De acuerdo a descripciones de exploradores y misioneros se sabe que había una relación con otras etnias, aunque no pacifica. Los Piros (también arawac) surcaban el Urubamba en sus “correrías” robando, mujeres y niños “ …estas correrías obligaron a los matshiguengas a abandonar las márgenes del río mayor y establecer curacas mediadores en la boca de los afluentes”. (Camino, 1977: 28). Con el resultado de estas correrías los Piros realizaban el intercambio comercial con los quechuas, quienes en algunas ocasiones llegaban al Cusco y eran recibidos diligentemente por el Inca. El intercambio entre sierra y selva involucraba a diversas etnias, entre ellas a los Cocama, Conibo y Piro en las riberas del Ucayali y el Urubamba, y a los Campa, Matshiguenga, Shipibo y Amahuaca en los afluentes. (Zarzar, 1980: 496-520)
La iconografía de los petroglifos de Siete Tinajas, así como de los otros yacimientos en la cuenca del río Urubamba, se presenta también en las etnias que habitan este vasto territorio. Los Matshihuengas y Piros por ejemplo usan pinturas faciales y cada uno de estos iconos tienen una connotación particular, algunos de protección contra enfermedades, otros relacionados a la caza, y de vanidad tanto femenina como masculina, y también de relación con los astros y deidades. (Berra, 1993) De igual forma lo usan en el tejido de sus chusmas (túnicas), en sus utensilios diarios como el cernidor de masato (foto inferior), adornos de hueso y demás  artesanías.       
Así en la cosmovisión matshiguenga, el “remolino” (los espirales) tiene una connotación especial. Ellos “creen sin embargo en la mortalidad del hombre, puesto que admiten que algo sobrevive, algo que entra por la cabeza y sale por el remolino de la misma cuando se muere” (Menéndez, 1948: 56).

 

CONCLUSIONES


Los petroglifos de Siete Tinajas fueron realizados por grupos étnicos Arawac. Por las características, posiblemente constituyo un importante centro ceremonial de culto al agua, para los grupos que habitaban esta región, y para los grupos que practicaban el comercio entre la selva y la región andina.
Los elementos icnográficos de Siete Tinajas, así como de otros yacimientos de petroglifos encontrados en al cuenca del Urubamba, siguen vigentes en los grupos étnicos de la selva de la provincia de La Convención lo que nos indica un relación estrecha entre estos grupos étnicos y los petroglifos, aunque hace falta una investigación mas exhaustiva sobre el tema.

Los petroglifos en La Convención también se presentan en la margen izquierda del río Urubamba, esto nos da una nueva lectura para reconsiderar el estudio del arte rupestre en el vasto territorio de esta provincia cusqueña.

AGRADECIMIENTOS.
A Ignacio y Gregoria mis padres, Edith, Yakbel, Nicky, y Greta, mis hermanos, por todo su apoyo en esta aventura de ser Arqueólogo.
A Raúl Figueroa Santillana y Alberto Pineda, grandes amigos y cómplices en este gran cariño por la arqueología amazónica especialmente por el arte rupestre convenciano.
A Carlos Silva por los concejos concedidos,
Un especial agradecimiento a Rainer Hostnig, por su apoyo en la corrección de este artículo y por su amistad brindada.
A Camilo serrano y Carlos Zúñiga por su apoyo en el trabajo de Campo
A la Cámara de Comercio de Quillabamba.

 

REFERENCIAS

ALVAREZ, Ricardo
            S/f                   “La unión pan-indígena”. Sepahua Vol. 1.
BAER, Gerhard
            1993                Cosmología y shamanismo de los Matshigenga
                                   Edic. Abya-Yala. Ecuador.
BARRIALES, Joaquín
            1970                “Petroglifos en el río Shibaniro”. Boletín del Seminario de
Arqueología No. 5. Lima.
BUES, Christian
            1926                “Los petroglifos de La Convención”. Revista Universitaria
                                   Vol. 15 No. 51. UNSAAC, Cusco.
CAMINO DIEZ CANSECO, Alejandro
1972                “Trueque, correrías e intercambio entre los Piro y Matshiguenga de la montaña peruana”.
Amazonía Peruana Vol. 1 N° 2, pp. 123-140.
CENITAGOYA, Vicente de
            1943                Los Machiguengas. Lima
GAMONAL QUILLILLI, Henry
            1998                Introducción Al Estudio De Los Petroglifos De La Convención
Informe de Practicas Pre Profesionales, C.P de Arqueología UNSAAC- Cuzco
MENENDEZ RUA, Ángel
            1948                Paso a la civilización. Quillabamba.
PARDO, Luis A.
1942                “Los petroglifos de La Convención”. Revista del Museo e Instituto de Arqueología Vol. 6 – N° 10-11. UNSAAC, Cusco.
RENARD-CASEVITZ, France Marie
1972                “Les Matshiguenga”. Journal de la Société des Américanistes. Vol. 61, pp. 215-253.
1981                “Las fronteras de las conquistas en el siglo XVI en la montaña meridional del Perú”. Boletín del IFEA Vol. 10 N° 34, pp. 113-140.
            1988                Al Este de los Andes. IFEA/Abya-Yala. Quito

 

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