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PROPUESTA CRONOLÓGICA PARA UN MONOLITO GRABADO EN JAIVA, VALLE DE SUPE-PERÚ

Víctor E. Falcón Huayta 1
Lic. en Arqueología. Curador del Departamento de Material Orgánico del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú.

 
 
A la memoria de Junius J. Bird

 

Introducción

 

La datación del arte rupestre andino constituye un reto arduo, desde que en la mayoría de los casos la asociación entre la pintura, el petroglifo o la litoescultura no se vincula directamente con otros elementos en contextos de actividad humana datables mediante técnicas físico-químicas de carácter absoluto. Este hecho ha incidido para que se use, preferentemente, la datación indirecta en base a estilos previamente definidos por la arqueología.
La aparición de litoesculturas fuera de su ubicación original –aunque dentro de asentamientos arqueológicos– presenta frecuentes problemas de asignación a contextos arquitectónicos y fases constructivas, que aporten elementos de juicio para aquilatar su jerarquía, función y cronología relativa. Este hecho se agrava cuando el repertorio iconográfico de un determinado período es limitado y la clasificación cronológica por medio del estilo de los motivos representados no se muestra tan inmediata y clara.
Esto aconteció con un monolito esculpido que encontramos entre los escombros de un pequeño asentamiento de carácter monumental, asignable al período Arcaico Tardío, ubicado en la parte alta del valle de Supe –costa norcentral del Perú– notable por la profusión de yacimientos de este período, que resulta crucial para el estudio de la emergencia de sociedades complejas y de diversas expresiones de alta cultura que se dieron en los Andes Centrales.

El Sitio


Jaiva es un asentamiento de carácter urbano-monumental correspondiente al periodo Arcaico Tardío (ca. 3000-1500 a. C.). Se encuentra ubicado en el estrecho valle de Supe (182 Km al norte de la ciudad de Lima), aproximadamente 40 Km del litoral Pacífico y a una altura que va desde 820 a 880 m.s.n.m., sobre un espolón que baja del cerro Arara hacia el suroeste. Este cerro es uno de los macizos montañosos áridos que encajona notablemente al valle desde esta zona hacia arriba, haciendo del área de la hacienda Jaiva el lugar donde se inicia el piso de tierras cultivables actualmente. El conjunto se dispone sobre una superficie inclinada en la que se van emplazando, de arriba hacia abajo los siguientes elementos arquitectónicos más relevantes: una plaza rectangular, un complejo de celdillas o pequeños recintos enmarcados en un gran rectángulo, al cual se adosa un pozo circular hundido de aproximadamente 20 metros de diámetro, desde donde baja una estrecha escalera que lo conecta a otro pozo de similares características. Las dimensiones que cubren los elementos nombrados es de 235 metros en línea horizontal por 60 metros en línea vertical (Williams y Merino 1979:454, 455; Shady, Dolorier, Montesinos y Casas 2003:91. Fig. 30) (Foto N° 1).
La primera referencia a Jaiva es un catastro arqueológico del valle que precisa su ubicación, características arquitectónicas formales y una propuesta cronológica para el complejo ceremonial (Williams y Merino 1979). Posteriormente, es mencionado como uno de los sitios arqueológicos con pozo circular hundido más alto y oriental del valle de Supe (en dirección a la sierra), en donde se da cuenta de 30 edificaciones con este elemento arquitectónico (Williams 1980:408). Posteriormente, entre 1994-95 se realiza un estudio de patrones de asentamiento de complejos ceremoniales tempranos en el valle, en donde se precisa la existencia de 18 centros urbanos asignables al Arcaico, proponiéndose una clasificación y jerarquía entre ellos. Jaiva se asigna a la “Clase D” de establecimientos de 10 a 5 Ha de extensión (Shady et al. 2003:54).
Ninguna de las referencias anteriores da cuenta del monolito tallado, tal vez debido al carácter de los estudios realizados.


La Litoescultura

El monolito es una roca ígnea granitoide, típica de zonas de subducción como los Andes. Proviene de los afloramientos rocosos cercanos y observa similares características que los pequeños bloques y guijarros que se acumulan formando el grueso muro en el cual se encuentra. Sus dimensiones son de 1.2 x 0.2 x 0.5 m. en promedio, y asume una forma aproximadamente rectangular, similar a una gran losa, encontrándose notablemente rebajada en la parte posterior de su extremo derecho.   Se encuentra suelta, sobre el muro formado por el apilamiento de guijarros y, al parecer, no formaba parte estructural de este paramento –pues es notablemente mayor en relación a los guijarros caídos– estando inclinada o hundida hacia su extremo izquierdo. Actualmente, tiene la apariencia de haber sido toscamente tallada para formar lados planos, al menos de las superficies superior y en aquella más angosta, en donde se ejecutaron los diseños, y que muestra, asimismo, mayor cuidado en el acabado. El borde formado por la intersección de estos planos es redondeado. Este plano y su representación miran hacia el noreste. Dicho de otro modo, dan frente hacia la plaza rectangular que corona el complejo monumental, encontrándose aproximadamente al centro del lado que la separa del conjunto de recintos cuadrangulares, indicados en el levantamiento aerofotográfico de Shady y otros (2003:90, Fig. 30), como aquél que presenta el muro perimétrico más acentuado y con el cual se alinea el monolito (Lámina N° 1). Este muro está constituido sólo de montones de guijarros sin conservar paños de mampostería intacta, al menos es lo que puede observarse en la superficie. En consecuencia, no existiría total certeza de que el lugar sea el emplazamiento original de la pieza.
La representación consiste en una figura antropomorfa dividida en tres partes, cabeza y dos manos, sin conexión entre ellas, todas en posición frontal y, en el caso de las manos, mostrando las palmas (Lámina N° 2). La cabeza es redondeada, con orejas a modo de triángulos unidos a ésta por uno de sus ápices (Lámina N° 3); los ojos son redondos y cóncavos y la boca es un grueso guión, en bajo relieve, de comisuras igualmente redondeadas. No hay representación de nariz. Los dedos de las manos tienen extremos redondeados, mostrando ligeras diferencias entre ellos, de acuerdo a su posición en la mano; la palma ha sido formada siguiendo directamente las líneas que bajaban del pulgar y el meñique, sin inflexión que denunciara intención de diferenciarla claramente de los dedos, siendo notable su amplitud y redondez (Lámina N° 4). Los tres elementos de esta representación están ejecutados en plano relieve. La mano derecha del personaje ha sufrido los mayores rigores de la intemperie por encontrarse más expuesta, el craquelamiento de la roca ha borrado la palma y el meñique se muestra muy tenue (Foto N° 2).

 

Análisis y Comparaciones   

Dado que el contexto de la pieza no era seguro y de lo inédito de la imagen en este tipo de soporte, en primera instancia, resultaba difícil precisar su estilo y cronología. Sin embargo, las características arquitectónicas del sitio delimitaron un primer ámbito de indagación. Habida cuenta de la presencia de los pozos circulares hundidos como elementos arquitectónicos principales, la asignación cronológica del lugar se mostraba segura, pues no hay mayores indicios de otros componentes culturales. En consecuencia, revisamos el repertorio de imágenes –en cualquier tipo de soporte– asignadas al periodo Arcaico Tardío en donde pudiéramos encontrar referencias acerca del estilo que mostraba nuestro personaje.
Los resultados de la investigación demostraron que los mayores datos provendrían de dos tipos de soportes, los textiles y los petroglifos, de manera que empezaremos en ese orden, para, finalmente,  discutir más detenidamente la cronología que sugieren en cada caso.
Dentro de la simplicidad de estilo del personaje Jaiva, los rasgos más notables están en la cabeza (los ojos, la boca y las orejas). Diseños de cabezas antropomorfas con elementos similares están presentes en Huaca Prieta (Bird et al. 1985:175, 184. Figs. 121 y 130, respectivamente). Especialmente, nos referimos al motivo de la cabeza de la tela 41.2/1565 “Joined Faces” (Ibid.: Fig 121), en donde se puede apreciar cabezas conectadas por un entramado, con una configuración muy similar a la cabeza del personaje Jaiva, incluyendo el detalle de las orejas triangulares. Todos los rasgos asumen formas rectangulares y las orejas no se unen a la cabeza directamente por uno de sus ápices, sino a través de una gruesa línea recta. El otro personaje Huaca Prieta (Ibid.: Fig. 130) tiene similares características en el rostro, pero carece de orejas y ostenta cabellera. Asimismo, ambos personajes carecen de nariz y las bocas muestran dientes.
La Galgada nos proporciona nuestro siguiente ejemplo, en un conjunto de diseños que aparecen en los restos de una bolsa de tejido enlazado (looped) de C-11:F-5 (Grieder y Bueno 1988:175. Fig. 140). Nos referimos al motivo de la cabeza que no posee cuerpo, de forma cuadrangular, orejas romboidales, ojos con pupila centrada y boca definida por un grueso guión horizontal con una línea inscrita longitudinalmente. Además, ostenta la parte superior de la cabeza aserrada. Otro personaje, de similares características fue reconstruido completamente, presentando brazos serpentizados que llegan hasta el suelo para tornarse hacia arriba en dirección a la cabeza (Ibid.: Fig. 150). La diferencia con el primero es que éste presenta ojos con pupilas excéntricas.
Estos dos sitios son emblemáticos del período Arcaico Tardío en los Andes Centrales.
En el ámbito de las representaciones en petroglifos tenemos dos casos notables. El primero de ellos proviene de Pampa Calata, un yacimiento de petroglifos que se encuentra a 8 Km. de Alto de Guitarra, provincia de Trujillo, departamento de La Libertad (Núñez Jiménez 1986:443. Fig. 829). Esta referencia corresponde a un personaje de cabeza redondeada, ojos rectangulares y boca formada por un trazo horizontal recto y labio inferior curvo, siendo las comisuras agudas. Carece de nariz. Además, posee brazos que rematan en manos a manera de muñones, el derecho hacia abajo y el izquierdo hacia arriba, este último tiene trazos simples y rectos para representar los dedos de una mano abierta. El cuerpo tiene una configuración especial; el cuello está delineado por dos trazos rectos y verticales de los cuales se expande el tronco, la línea del lado izquierdo gira hacia el interior del individuo haciendo una espiral. El personaje carece de cintura y piernas. Este conjunto rupestre –aunque entre signos de interrogación– se asigna a Chavín (Periodo Formativo ca. 1000-400 a. C.) (Ibid.).
Nuestra segunda referencia es un personaje de Alto de la Guitarra, localizado sobre un cerro y a 900 m.s.n.m., en la misma jurisdicción política que el yacimiento anterior (Núñez Jiménez 1986:359. Fig. 649). Sobre este notable yacimiento de petroglifos Núñez dice lo siguiente: “Figuras: Antropomorfas sencillas, antropomorfas caricaturescas, antropomorfas acrobáticas, antropomorfas de danzantes de perfil, muy complejas y elaboradas, antropomorfas muy adornadas...” (Ibid.). El personaje de Alto de la Guitarra es una representación antropomorfa completa. La cabeza redonda ostenta un tocado tronco-cónico invertido, las orejas son triangulares y unidas a la cabeza por uno de sus ápices. Los ojos son ovoides y ligeramente caídos hacia fuera, la boca está ejecutada con un simple trazo lineal y sinuoso, con las comisuras hacia abajo, lo que le otorga al rostro un aspecto o mueca de tristeza o compunción. El cuello se proyecta desde la cabeza y está claramente representado. El cuerpo es de forma cuadrangular y los brazos y las piernas están representados por trazos lineales simples. Los brazos abiertos hacia los costados y flexionados, rematan en dos manos simplificadas con dos trazos en cada una, uno más corto que el otro. Las piernas están separadas y abiertas hacia los costados y los pies rematan en dos pequeños círculos. Muchas de las representaciones de este campo de petroglifos se asignan –sin dudar– a Chavín (Ibid.).
Los indicios que muestran las representaciones antropomorfas en textiles del Arcaico Tardío no parecen ofrecer mayores problemas con el contexto arquitectónico en el cual se encontró la litoescultura y los rasgos del personaje. Por otra parte, el diseño y su organización, no se parece a ningún estilo de esculturas líticas posteriores, lo que podría considerarse indicio de que estábamos yendo correctamente en la acotación estilística y, por ende, cronológica. Sin embargo, “la ausencia de rasgos estilísticos diagnósticos reconocidos no prueba en sí una antigüedad excepcional, sino meramente indica que la obra no fue creada dentro de alguna de las tradiciones artísticas reconocidas...” (Henning Bischof, comunicación personal, septiembre 2003). Por otro lado, las comparaciones con los personajes provenientes de los petroglifos señalaban una cronología más tardía de la sugerida por las representaciones provenientes de los tejidos del Arcaico Tardío, por lo que nos detendremos a analizar esta cuestión con más detalle.

 

Una etapa rupestre pre-Chavín

En el inventario más amplio de petroglifos que disponemos en el Perú, Antonio Núñez Jiménez señala una filiación Chavín/Cupisnique para varios de los yacimientos, principalmente, de la costa norte del país. Esto ocurre con Pampa Calata –expresado con reservas– y Alto de la Guitarra –en parte de sus representaciones, sin ninguna duda– (Núñez 1986). Por otra parte, un último intento de síntesis del arte rupestre peruano señala tres grandes grupos –con implicancias cronológicas– que reunirían los petroglifos principalmente costeños, ya que en la sierra se desconocen yacimientos de importancia y los de la vertiente oriental son menores en cuantía (Guffroy 1999:65). Asimismo, el más antiguo de estos grupos, “A”, es el conjunto de filiación Chavín que “representan en mayoría seres antropomorfos o zoomorfos parecidos a las figuras dibujadas sobre otros materiales” (Ibid.:71). Se expresa reservas sobre su antigüedad, asignándoseles con más seguridad una posición cronológica en “una fase un poco tardía del Horizonte Temprano (500-200 a.C.?)” (Ibid.:72). Nuestros personajes comparados están catalogados como pertenecientes al grupo “B”, que ubica a los petroglifos en el periodo de Desarrollos Regionales (ca. 200-600 d.C.) e incluso la época Huari (ca. 600-900 d.C.) (Ibid.:75, 76. Fig. 35d, 36a). Finalmente, coincide con Núñez al señalar que Alto de la Guitarra pertenece al Formativo Medio, signado por Chavín.
Sin embargo, una revisión más cuidadosa del repertorio de imágenes reunidas por Núñez señala la presencia de motivos del Arcaico Tardío. Mencionaremos los más evidentes y algunos grupos de motivos asociados que pueden distinguirse y que formarían un corpus de petroglifos para este periodo.
El ejemplo más claro es la imagen registrada en Quebrada de los Boliches, un afluente del río Olmos, en la provincia y departamento norteño de Lambayeque (Núñez 1986:81, Fig 16, 17). Se trata de un ave con dos cabezas, una superior y otra inferior, dirigidas hacia lados opuestos; los cuellos convergen en un solo cuerpo y amagan un enlace; las alas desplegadas se extienden hacia los lados y las colas hacia arriba y abajo. Un diseño en forma de bolsa –con un trazo vermiforme y un círculo ovoide inscritos, son los motivos más claros– pende de la región ventral del ave, sin llegar a estar en contacto con ésta. Sobre el cuello de la cabeza superior se adosa una cabeza igualmente de ave que mira hacia el lado izquierdo, que en la fotografía y el dibujo se distingue claramente de la composición principal –de trazo más ancho y firme– pudiendo ser el resultado de un agregado posterior. Tres filas de puntos, se extienden hacia la izquierda de este diseño ornitomorfo, que finalmente presenta un motivo irreconocible en el extremo inferior de este lado.
Núñez lo asigna al estilo “Chavín o Cupisnique” y dice que es un  “bello petroglifo que representa un águila o cóndor de perfil”, claramente influenciado por la primera impresión que da la cabeza añadida de la parte superior. Informa que este yacimiento fue descubierto en 1963 y noticiado, por primera vez, sin ilustrarlos, por Jorge Rondón Salas en 1969 (Núñez 1986:81). Una comparación con los motivos de aves bicápita provenientes de bolsas confeccionadas con técnica enlazada (“looped”) de La Galgada revela claramente su filiación temprana (Grieder et al. 1988. Fig. 130, 139). Los motivos y la estructura de la composición son idénticas. Sin embargo, hay variaciones como por ejemplo en el apéndice que brota de las cabezas de las aves de Quebrada de los Boliches y algunos trazos que hacen formas rectangulares en su cuerpo. Asimismo, los diseños de La Galgada carecen de bolsas pendiendo del cuerpo. Por lo demás, el amago de enlace de la banda que se prolonga de los cuellos de las aves hacia el centro de sus cuerpos es idéntico entre la representación de Quebrada de los Boliches y el ave central de la fila derecha de T. S. 15 (Ibid.: Fig. 130) de La Galgada.
Este estilo de representación de aves bicápites, y en los mismos materiales, se da en Huaca Prieta, aunque en estos casos todas las bandas que se prolongan del cuello de las aves hacen un giro en espiral, sin intentar un amago de enlace (Bird et al. 1985: 174, 176, 195. Fig. 120, 122, 139, respectivamente). De modo que la elaboración de  petroglifos desde el Arcaico Tardío queda claramente demostrada.
Ya en 1981 se habían adelantado algunos resultados de los trabajos en La Galgada, en donde se señalaba la presencia de petroglifos directamente asociados al sitio a través de la comparación entre la iconografía rescatada de sus telas y las representaciones en las rocas ubicadas a 15 metros al norte de los templos (Bueno y Grieder 1981). Concretamente, se hacía referencia al motivo denominado “serpiente sonriente” y aquellas que se encontraban presentes en la denominada “Roca 2”, donde aparecía el diseño muy esquemático de un ave con un largo pico curvo abierto, las alas extendidas hacia los costados, cabeza mirando hacia su lado derecho y cola, conjuntamente con un par de motivos en S muy cercanos (Grieder et al. 1988. Fig. 155). Todo el conjunto de motivos estaba asociado –en las dos únicas rocas verdes del entorno– y se vinculaban, sin lugar a dudas, a La Galgada.
Este contexto de petroglifos resulta importante para poder distinguir más motivos de la época entre los petroglifos de la costa, pues se asumirá como indicador para precisar la cronología de representaciones similares. Se concatenará la asociación serpiente-ave-“S” (o parte de esta cadena), y se establecerán otras nuevas asociaciones, de acuerdo con la coherencia que muestren en el estilo, el contexto de los motivos y el sitio en el que se encuentren.
Por otra parte, como hemos visto, representaciones de aves también son comunes en Huaca Prieta. Esta vez señalaremos aquellas desplegadas en las telas 41.2/1501 y 41.2/1764 (Bird et al. 1985: 165,171). La primera es famosa por representar un “cóndor” con las alas desplegadas hacia los costados, cola, y patas igualmente dirigidas hacia fuera. Este motivo posee además una “serpiente sonriente”, muy similar a la de La Galgada, alojada en el estómago del ave. Finalmente, tiene un ala adicional a cada lado, mucho más pequeña que la principal, y dirigidas hacia arriba. La segunda representación es de estructura similar, aunque la serpiente es menos clara, así como las alitas auxiliares, que aparecen como pequeños apéndices o muñones sobre las alas. Queremos llamar la atención sobre la estructura y organización general de este motivo –que no se volverá a presentar en alguna cultura precolombina posterior de manera tan emblemática– , lo que nos servirá para proponer petroglifos pertenecientes a esta tradición y, en consecuencia, poder fecharlos.
Petroglifos de aves con las características estructurales de las últimas mencionadas aparecen en: Queneto, Pampa Calata, Alto de la Guitarra, Quebrada de San Juan, Cerro Mulato, Palamenco y El Palmo (Núñez 1986. Figs. 870, 827, 691, 928, 48, 949 y 300, respectivamente). En todos ellos el ave se encuentra en posición frontal, con las alas desplegadas a los costados y la cabeza mirando hacia un lado. De este grupo, sólo en el ejemplar de Palamenco se muestran las garras proyectándose hacia fuera del centro del cuerpo. El ejemplar de Cerro Mulato se asocia a una figura antropomorfa de cabeza redondeada y ejecutada esquemáticamente. El ejemplar de Alto de la Guitarra se asocia a una cabeza calva, con tres apéndices cortos,  saliendo de ésta y proyectándose hacia arriba, lo cual puede ser un tocado. La boca está definida por una gruesa banda de comisuras redondeadas y dirigidas hacia abajo; la oreja es cuadrangular y los ojos están unidos por el lado superior, dando la impresión de ser unos “lentes”.
Otras cabezas antropomorfas redondas y sólo con ojos y boca definida por una línea o una gruesa banda horizontal provienen de Quebrada de San Juan (Ibid.: Figs. 893, 940). Nuestros personajes, con rasgos similares a la cabeza representada en Jaiva, provienen de Alto de la Guitarra y Pampa Calata, sitios con petroglifos de aves aquí asignadas por nosotros al Arcaico Tardío, es decir, en cierta forma hay una asociación entre ellos.
Por otra parte, un ave muy esquemática (pero siempre estructuralmente similar a las de Huaca Prieta) se asocia a una cruz en Alto de la Guitarra y Palamenco (Ibid. Fig. 716, 117 y 715 con una variante de vuelo en el ave; asimismo en Fig. 1001 de Palamenco). La cruz de este periodo es muy característica por ser de configuración simple, está conformada como si resultara de dos cortas y gruesas bandas cruzadas por el centro, con extremos rectos y delineada con una línea externa, dando al cuerpo un aspecto robusto. Igualmente, está presente en muchos de los yacimientos aquí mencionados. Especialmente en Alto de la Guitarra (Ibid. Fig. 677), en donde se asocia a una representación antropomorfa de brazos y piernas abiertas, cabeza redondeada, ojos, boca y careciendo de orejas y nariz; asimismo, tenemos una  cruz de este tipo en Pampa Calata (Ibid. Fig. 848). Otros sitios con petroglifos en forma de cruces son Cerro Mulato (Ibid.: Fig. 264), Cerro de las Murallas (Ibid. Fig. 879), y Cumbemayo, en la sierra de Cajamarca (Ibid. Fig. 524), en donde se asocia a cabezas redondeadas que carecen de nariz. Una de estas cabezas tiene una oreja romboidal en uno de sus lados.
Por último, “serpientes sonrientes” –aunque sin las manchas de aquella de La Galgada– se pueden observar en petroglifos de Alto de la Guitarra y Quebrada de San Juan (Ibid. Fig. 629, 904), muy similares entre ellas. Motivos “S” se documentan en Cerro Mulato y Los Tres Cerritos (Ibid. Fig. 55, 581) entre otros.
Otros motivos en petroglifos pueden ser identificados como pertenecientes a tradiciones específicas, como por ejemplo, el “cuerpo humano trucidado” que muestra la persona desde la cintura hacia abajo en Alto de la Guitarra (Ibid. Fig. 648), que recuerda mucho a los representados en Cerro Sechín y una cabeza del mismo yacimiento que claramente puede asignarse al estilo “Chavín A”, que reúne al repertorio iconográfico “allegado”, pero antecedente, a la secuencia organizada en Chavín de Huántar (Bischof 1994:181. Fig, 27, 28; 1998:63).
Finalmente, debemos señalar que los motivos son recurrentes y asociados en los mismos yacimientos de la costa norte del Perú principalmente, y pueden conformar un grupo pre- Chavín.
Urge cambiar nuestra perspectiva en el análisis y datación de los petroglifos, yendo desde las imágenes fechadas en otros contextos arqueológicos o asociadas a ellos hacia los motivos asociados en los petroglifos, y no al revés. Pueden resultar comparaciones, en apariencia forzadas, por no tener una similitud en detalle entre estas dos vertientes, pero que son el resultado de un diferente tipo de soporte, además de aquellos factores que pueden derivarse de la función misma de los petroglifos. Sin embargo, en el fondo subyace una estructura formal, asociación contextual y significado que los delata.

Propuesta Cronológica


Creemos que lo expuesto basta para mostrar un rico corpus de motivos del Arcaico Tardío entre los petroglifos del Perú. Se pueden identificar más cadenas significativas de motivos, pero esa no es la intención de este trabajo. Sólo queríamos señalar que los personajes de Pampa Calata y Alto de la Guitarra, comparados por nosotros con el “personaje Jaiva”, en realidad, corresponden cronológicamente al Arcaico Tardío y no a un Grupo “B” de los Desarrollos Regionales.
Por otro lado, si comparamos el estilo del “personaje Jaiva” con aquellas litoesculturas y demás representaciones del período “Chavín A”, es decir, los antecedentes de Chavín de Huántar (Bischof 1994; 1998:63), veremos que nuestro personaje se puede ubicar antes, en una etapa realmente germinal de los estilos tempranos en los Andes Centrales y su base de complejización social.
Si esto es correcto, y si se acepta que el “Chavín A” abarca un lapso de tiempo que puede ir desde 1,700 cal a. C. (3,400 a.p.) hasta 1,400 cal a. C. (3,200 a.p.) y que los estilos del Arcaico Tardío (o precerámicos) –entre los que se encuentran Huaca Prieta y La Galgada– pueden datar entre 2,500 cal a. C. (5,000-4,500 a.p.) y 1,800 cal a. C. (4,000-3,500 a.p.), podemos, tentativamente, ubicar a nuestro “personaje Jaiva” en este último rango de tiempo.
Por otra parte, desde inicios de la década de los setenta, los pozos circulares hundidos fueron asignados a una categoría diagnóstica asociada a centros monumentales tempranos en sitios de la costa norcentral del Perú y en especial en el valle de Supe donde se señaló su mayor presencia (Williams 1972; Williams 1980; Williams y Merino 1979). Apoyados en inferencias originadas en otros sitios tempranos, se formuló la hipótesis de que aquellos encontrados solos o aislados serían los más antiguos y que primero se ubicaron en las zonas del interior y pisos medios de los valles para posteriormente dispersarse hacia la costa (Fung 1988:81; 1999:194).
Ahora tenemos los primeros datos detallados sobre ellos. Dos fechados radiocarbónicos asociados a la plaza circular hundida de la Pirámide Mayor de Caral registran los siguientes resultados:
a) ISGS-4710, dio como resultado 3,840 ± 70 años BP, con un promedio de 2,237 cal a. C., proveniente de “wall construction around sunken circular plaza...”.
b)ISGS-4711, dio como resultado 4,090 ± 90 años BP, con un promedio de 2,627 cal a. C., proveniente de un “stratum under sunken circular plaza...”. (Shady, Hass and Creamer 2001:726).
Además, se señala que el pozo circular hundido del Templo Mayor llegó en “una de las fases tardías de ocupación de la ciudad” cuando la pirámide a la cual se adosó ya funcionaba (Shady, Machacuay y Aramburú 2003:157).
Si vinculamos estos fechados con los pozos circulares hundidos de Jaiva, donde se presentan entre los elementos más destacados de su arquitectura, podemos tener un índice de que el sitio está enmarcando adecuadamente la iconografía del “personaje Jaiva” y que éste, efectivamente, funcionó en este lugar de alguna forma. Sin embargo, no sabemos si es más antiguo, coetáneo o más tardío que sus pares de Caral.
A propósito de la función de la pieza, podemos notar que se encuentra entre guijarros de considerable menor tamaño, por lo que si este fue su emplazamiento original, es poco probable que sirviera como uno de los elementos del mampuesto. Por otra parte, la disposición de la cabeza y manos en el sentido horizontal del bloque descartan su función como jamba. Asimismo, si bien es cierto que se señala la presencia de un huanca en este lugar, su morfología no corresponde con aquél que hemos logrado ver en Caral y otros sitios del mismo periodo en el cercano valle de Fortaleza, en donde piezas correspondientes a huancas se presentan con una talla más tosca y muchas veces con formas que insinúa un rebaje intencional hacia la parte superior. Una propuesta interesante es la que monolitos de estas características no funcionaban como dinteles, como muchas veces parece sugerir su tamaño. Antes bien, se propone que eran altares “donde se ubicaría la deidad o la autoridad o los símbolos de éstas” (Ibid.153). La disposición de la litoescultura de Jaiva no ofrece garantías de un contexto seguro de funcionamiento, sin embargo, no deja de llamar la atención su ubicación central –prácticamente en la cima del complejo– y frente a la plaza rectangular, lo cual abonaría una hipótesis de su uso como altar.


Conclusiones


La litoescultura denominada “personaje Jaiva” exhibe representaciones que no se asocian a ningún repertorio iconográfico en soportes de su tipo, anteriormente documentado para periodos precolombinos en los Andes Centrales. Dado este carácter y las particulares circunstancias de su hallazgo, sin  exhibir un contexto arquitectónico formal dentro del sitio, su datación se presentó bastante problemática.
Sin embargo, una apreciación más detenida de las circunstancias asociadas a su presencia en el lugar, condujo a seguir los indicios sugeridos por la arquitectura y cronología del complejo ceremonial. Una revisión de la iconografía del Arcaico Tardío demostró que el rasgo más importante del “personaje Jaiva” (la cabeza) se encontraba presente entre los diseños textiles de dos sitios de ese periodo, Huaca Prieta y La Galgada. Es importante señalar, sin embargo, que hay variaciones en las representaciones comparadas, debidas fundamentalmente al tipo de soporte de la iconografía.
Los petroglifos demostraron ser otra fuente rica para rastrear imágenes similares a nuestro motivo principal y, así, buscar más indicadores de su cronología. Encontrándose representaciones similares dentro de un corpus más amplio de motivos que establecían un repertorio propio para el Arcaico Tardío, el cual era oscurecido por una metodología inadecuada de enfoque, que consistía en guiarse de estilos conocidos en la arqueología para la datación de los petroglifos. Sin embargo, estos estilos no daban cuenta de representaciones simples, esquemáticas y de carácter simbólico que por ello eran asignadas a épocas posteriores al Formativo. El resultado de un enfoque diferente señaló una datación del estilo iconográfico del “personaje Jaiva” coherente con la del sitio en el que se encuentra.
Como lo insinuaban estudios e hipótesis pioneras, y lo confirman actuales investigaciones, el pozo circular hundido es una elemento arquitectónico germinal dentro de la tradición de la construcción de grandes complejos ceremoniales en el Arcaico Tardío y llegó a tener un rol de primera importancia en sus  centros principales. Aunque carecemos de mayores datos que ayuden a tener una visión más clara de su antigüedad, evolución e integración con otros componentes arquitectónicos importantes, podemos establecer su coherencia con las comparaciones iconográficas y la cronología resultante del “personaje Jaiva”.
En consecuencia, esta litoescultura parece ser la primera de un tipo que –al menos por ahora– no tiene otros ejemplos y que se corresponde con el funcionamiento del complejo ceremonial que dominaba el ritual de la cabecera del valle de Supe, en sociedades que comenzaban a diferenciarse entre sus integrantes.    

 

Agradecimientos


Deseo agradecer a Benjamín Guerrero y Nery Olano de la Biblioteca de Estudios Pre-colombinos del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú por su permanente atención a mis solicitudes de fuentes bibliográficas, sin las cuales es imposible resolver cualquier problema o cuestión en arqueología. Al Dr. Henning Bischof por la lectura de este trabajo y sugerencias, así como, a Francisco Merino Jiménez. También deseo agradecer a María Amalia Ibáñez Caselli, por su invalorable ayuda y paciencia con mis obsesiones.

 

Lima, octubre de 2003

 


Bibliografía

Bird, Junius B., John Hyslop and Milica Dimitrijevic Skinner
1985           “The Preceramic Excavations at the Huaca Prieta Chicama Valley, Peru”. Vol. 62: Part 1. Anthropological Papers of The American Museum of Natural History, New York.
Bischof, Henning
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NOTAS


Aspecto que ha cambiado hace relativamente poco tiempo gracias a la datación radiocarbónica por AMS. En los Andes Centrales, un caso de aplicación de esta técnica en la datación de geoglifos se puede ver en  Clarkson, 1998.

Guffroy 1999: 16.

Existen varias propuestas en la denominación y tiempo que abarcaría este período. Así por ejemplo, habría un “Arcaico Temprano” (aprox. 10000-8500 a.p).; Arcaico Medio (8500-5000 a.p.), Arcaico Tardío (5000-4000 a.p.) y Arcaico Final (4000-3500 ap.) (Kaulicke y Dillehay 1999:11). Onuki dice que: “en general se considera que el periodo Arcaico termina con el uso de la cerámica, pero no se define bien el comienzo, ni se establece satisfactoriamente la cronología de las fases al interior del Arcaico” (Onuki 1999: 325), y propone llamar al “Arcaico Tardío” (o “Superior” según Lumbreras, 1974, o, “Precerámico VI” según Lanning, 1967) “Período Formativo Inicial” en el entendimiento de que en esta época aparecen las primeras sociedades complejas constructoras de templos en los Andes Centrales (Ibid.:332). Quilter (1991:387) señala que: “Behaviorally, Late Preceramic Peru is characterized by the emergence of non egalitarian societies, the spread of ceremonial systems over large areas, intensification in the use of domesticated plants and animals, and increased exchanges between distinct environmental zones” y lo ubica entre 4450 y 3500 a.p. Otros autores se expresan más o menos en los mismos términos y, siglos más siglos menos, el criterio que prima es demarcar este período entre la aparición de los grandes centros urbano-ceremoniales y la aparición de la cerámica en los Andes Centrales. El estudio intensivo de esta época  se inició con los trabajos de Junius B. Bird en Huaca Prieta (1946 ).  

Shady y otros (2003:63) clasifican al complejo dentro de la categoría de ‘Plaza circular en secuencia vertical’, en el que Jaiva es el único ejemplo.

Concretamente Jaiva tiene una extensión de 4.2 Ha (Ibid.). Nosotros lo visitamos en 1999 pues se indicaba la presencia de un huanca o menhir –tema que entonces atrajo nuestro interés– pero que no pudimos encontrar (Falcón 2002).

Sin embargo, parece lícito llamar la atención, en el sentido de que las representaciones rupestres, en realidad, no se toman muy en cuenta en los programas de investigación  arqueológica (Hernández 2001; Romero 1998:128).

Agradezco los comentarios del Lic. Enrique Fucks, Docente/ Investigador de la Facultad  de Ciencias Naturales y Museo, de la Universidad Nacional de La Plata.

El sentido de los lados se da en relación a la organización del personaje representado.

Este hecho se deriva de la observación de la mano izquierda del personaje, en donde se puede apreciar la configuración de los dedos pulgar y meñique, a pesar del estilo casi esquemático de la representación.

Proponemos que el proceso de tallado fue de la siguiente manera, primero se logró una superficie plana en la cual se concibieron y probablemente trazaron los diseños de la cabeza y las manos, luego se rebajaron las superficies externas a los motivos, finalmente, se trazaron los ojos y la boca, excavándolos para formar sus concavidades de fondo redondeado y liso.

El dibujo fue ejecutado directamente sobre la foto de la pieza, que fue tomada con escala gráfica.

Incluso nuestra primera impresión fue que se trataba de un monolito de los Desarrollos Regionales.

Por otra parte, se había anotado la presencia de cerámica en la superficie de estilo Pativilca “que no guarda relación con el edificio en sí” (Williams y Merino 1979:455). Nosotros observamos, además, fragmentos Huaura, de estilo epigonal (Horizonte Medio 3-4).

Aunque en este caso, se debe tener en consideración la incidencia del soporte (textiles) que hace variar los rasgos redondeados del diseño de Jaiva.

Lo que podría significar que los cuatro dedos grandes están juntos y el pulgar separado y en ángulo recto con los primeros.

Incluso llega a insinuar filiaciones “¿Pre-Cupisnique?” para Cerro de las Murallas y Quebrada de San Juan (Núñez 1986:465,471).

La asociación entre aves y serpiente se da, asimismo, entre los motivos de la tela T. S. 90 (Ibid. Fig. 139). Asimismo, un ave que resultará diagnóstica para la identificación de petroglifos es la representada en la pieza T. S. 87, que exhibe pico largo hacia un costado, posición frontal y mostrando el pecho, aunque sin patas (Ibid. Fig. 136).

Se distinguieron dos estilos de representación, ambos realizados con la misma técnica de ejecución, el picado o raspado superficial (“pecking”). Las dos rocas eran las únicas con  petroglifos. Los motivos de la “serpiente sonriente” y el ave de gran pico (“large-beaked bird”) se asociaron a los motivos que aparecían en los tejidos precerámicos del sitio. Otros diseños fueron relacionados al estilo Chavín (Grieder et al. 1988: 182, 183). 

Ayudaría en mucho tener una idea de la disposición espacial de los motivos en la roca, las variaciones en la técnica de ejecución, los campos de diseño que se pudieran establecer y la ubicación de las rocas dentro del yacimiento de petroglifos.

Como, por ejemplo, en el hermoso petroglifo de Quebrad del Felino en el valle de Jequetepeque (Pimentel 1986:23. Fig. 59).

En este trabajo sólo mencionaremos un caso por sitio, existiendo otros más.

Otro ejemplo de esta asociación se puede ver en un petroglifo de Cerro de las Murallas (Ibid. Fig. 884).

Guffroy llama la atención sobre esta asociación de manera especial. (Guffroy 1999:111. Fig. 44).

Esta asociación, con similares características, se repite en otros petroglifos del mismo sitio (Ibid. Fig. 711 y 713).

Hecho observado por Núñez. Hay varias representaciones de este tipo como aquella del “Monolito VA” (Samaniego y Cárdenas 1995:287).

Usamos la propuesta de Bischof (1994; 1998:68) pues nos ha ayudado a tener una visión más estructurada de la problemática e iconografía asociada de este tiempo.

Es interesante notar que en Caral no se han encontrado litoesculturas.

Agradecemos a la Dra. Shady y a los Doctores Hass y Creamer por recibirme con la mayor cordialidad en sus respectivos proyectos. Para una revisión y evaluación de los huancas presentes en sitios del periodo Arcaico Tardío ver Falcón 2002.

Y la disposición horizontal del “personaje Jaiva” a lo largo de la pieza.

Por otro lado, es pertinente señalar que el hecho de que una representación lítica ostente un estilo esquemático, de plano relieves y con rasgos de los rostros ejecutados por simples líneas no es índice de su antigüedad. Un caso puede verse en las litoesculturas de Tinyash, donde el contexto del asentamiento también ayudo en sus asignaciones cronológicas y probables funciones (Falcón 1998).

 

 

ILUSTRACIONES

-Lámina N° 1. Plano del Complejo Ceremonial de Jaiva. (Dibujos: VFH).
                                           

-Lámina N° 2. Personaje Jaiva.

 
 

-Lámina N° 3. Cabeza. -Lámina N° 4. Mano izquierda.

                                                        
  

Foto N° 1. Vista desde la parte superior                
del sitio. Al fondo, el valle de Supe.
 Foto N°. 2 Litoescultura de Jaiva.

 

Fotos: VFH

 

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